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¿Las palomas son una plaga?

¿Cuántas veces hemos estado sentados en alguna plaza y hemos visto como mucha gente alimenta a decenas de palomas que se arremolinan desesperadas en busca de migajas de pan o galletitas? Ver este cuadro en cualquier plaza o parque de la Argentina es casi tan normal como observar a la gente sacando a pasear a sus perros o a los niños jugando a la pelota.

Por eso es muy difícil creer que hoy en día las palomas sean consideradas una plaga en la mayoría de las ciudades del planeta. La paloma bravía o doméstica es la especie más conocida de las 300 variedades que existen en el mundo. Lo más sorprendente de este tipo de paloma es la capacidad para volver a su nido desde cualquier lugar, por eso es que se han domesticado para llevar mensajes, lo que las convirtió en un excelente método de comunicación antes de que se inventara el telégrafo. A la gente que cría palomas con el fin de que se conviertan en mensajeras, se las llama “columbofilos”, práctica que hoy se ha convertido en sólo un pasatiempo debido al advenimiento de las nuevas tecnologías.

palomas-anatomiaEstos animales se alimentan de semillas, granos, legumbres, frutos, hierbas y casi todo tipo de alimento. Las palomas urbanas llegan a vivir unos 5 años, pero en cautiverio pueden alcanzar hasta 15. Son monógamas y se reproducen durante todo el año, siendo más probable que suceda en primavera o verano.

Ponen de 1 a 2 huevos, que están maduros después de 20 días. Los pichones son alimentados por sus padres con una sustancia que ellos mismos producen, llamada “leche de buche”, y a los 40 días, aproximadamente, ya están listos para abandonar el nido.

palomas-comiendoLas palomas rápidamente se han habituado a vivir en los grandes centros urbanos, utilizando la disposición arquitectónica de los edificios para anidar.

Como las palomas siempre vuelven al lugar donde nacieron, y son  aves sedentarias y residentes, se hace complicado ahuyentarlas. Esto sumado a la falta de depredadores naturales que controlen la cantidad de individuos, las sobras de comida que les permiten alimentarse con facilidad, y al hecho de que tienen una rápida reproducción (algunos estudios aseguran que llegan a duplicar su cantidad anualmente), hace que las palomas proliferen en la ciudad y se hayan convertido en una de las plagas urbanas más problemáticas.

Las palomas y sus enfermedades

palomas-ventanaLos vecinos suelen quejarse de los lugares donde estos animales anidan (balcones y buhardillas, especialmente), además de los ruidos molestos producidos por sus movimientos y arrullos, pero uno de los inconvenientes mayores que generan estas aves en las ciudades se debe a sus excrementos. No sólo porque afean el paisaje arquitectónico y las aceras y producen desagradables olores, sino por el daño irreparable que estos ocasionan a los edificios, esculturas, monumentos, fuentes, plazas y parques.

No solo su acumulación causa problemas estéticos, sino que la materia orgánica de sus desechos es altamente corrosiva por poseer ácido úrico, lo que actúa produciendo daños estructurales y oxidaciones, especialmente sobre elementos arquitectónicos pétreos y metálicos. Además, sus heces causan resbalones y caídas, y obstruyen canaletas, desagües y contaminan los tanques de agua.

Pero este no es el único conflicto que acarrea la convivencia en la ciudad con estas aves, las palomas también pueden transmitir enfermedades (hay cerca de 40 enfermedades relacionadas con este animal).

En su plumaje hospedan garrapatas, chinches, piojos, vinchucas, pulgas y otras tantas clases de ectoparásitos que se pueden trasmitir a mascotas y a humanos, y son perjudiciales para la salud. A través de sus excrementos se trasladan hongos, bacterias y parásitos, que contaminan el ambiente. Son de las enfermedades más conocidas la “histoplasmosis pulmonar”, la “criptococosis”, “salmonelosis” y la “psitacosis” (causa fatiga, fiebre y dolor de cabeza, y se trata con antibióticos comunes); todas ellas se trasmiten por contacto directo, o al secarse las heces y ser transportadas por el aire, la gente llega a inhalar un polvo microscópico que es suficiente para provocar trastornos y producir el contagio.