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Una correcta limpieza elimina las bacterias

La acción de limpieza es definitoria a la hora de determinar una política de salubridad que abarca desde el ámbito oficial de un estado hasta el ámbito familiar de cada hogar.

Es que limpiar además de quitar la suciedad y eliminar aquello que está a la vista, sea la grasa de un plato, un trozo de carne en una mesada o la leche que se derramó, es más amplio, la limpieza está necesariamente unida a la desinfección en tanto y en cuanto, implica una acción que elimina bacterias y gérmenes evitando así la propagación de patologías y plagas a través de los microorganismos. De todas formas, si bien limpieza y la desinfección son acciones complementarias no es para nada aconsejable hacerlas simultáneamente.

Es indispensable eliminar previamente la suciedad a través de una acción de limpieza a fondo que termine con los microorganismos y de esa manera la desinfección pueda actuar haciéndolos desaparecer. No siempre la limpieza debe actuar sólo en aquello que está a la vista, siempre es necesario tener en cuenta el objeto a limpiar además del tipo de suciedad de que se trate: no es la misma limpieza que requiere la grasa en un sartén que la que se estaciona en los anaqueles de una cocina. Determinadas bacterias son posibles de ‘anclarse’ entre ellas mismas, y a las superficies por un fenómeno que se denomina adherencia bacteriana o biofilm.

limpieza-mujerEn estas condiciones las bacterias resisten hasta mil veces más la limpieza que pudiera removerlas que si estuvieran libres. Por ello, es necesario elegir una estrategia apropiada de limpieza para poder eliminarlas en totalidad y debemos convencernos que, una limpieza y una desinfección encaradas con eficacia, no son una tarea sencilla.

Una limpieza que se realiza eficazmente, brinda beneficios importantísimos: se contribuye indudablemente a la seguridad de los alimentos cuyo calidad se optimiza al no llevar consigo suciedad ni microorganismos. Por otra parte, estos procedimientos se valoran a la hora de la cocción: alimentos presos de una profunda y estricta limpieza adquieren otro nivel de sabor en la cocción. Además la limpieza correcta permite conservar en buen estado los utensillos de cocina. En otros planos, sea en la oficina, locales, comercios, la limpieza correcta hace favorable y ameno el ambiente laboral, previene la formación indeseable de olores y la temida aparición de plagas.

Productos de limpieza

limpieza-productosEn cuanto a cuáles son las sustancias que se utilizan en una limpieza tenemos que entre las más conocidas y antiguas se encuentra el noble pan de jabón, blanco o de glicerina. En la actualidad, los jabones están prácticamente restringidos al uso personal. Los jabones se obtienen en el proceso de neutralización propiciado por álcatis –sustancias alcalinas- de los ácidos grasos saturados –como el láurico o el palmítico- o no saturados – oléico-. En el primer caso, tendremos los llamados jabones duros y consistentes, y en el segundo los llamados jabones blandos o semiblandos.

Los jabones en las acciones de limpieza vieron limitada su operación por su dificultad para actuar en aguas duras, que son aquellas que contienen gran riqueza en minerales como el calcio, magnesio, o hierro, y que en muchos casos, son las únicas aguas de las que se dispone en regiones enteras. En estos casos se forman depósitos muy difíciles de eliminar y exigen por tanto aumentar considerablemente el agua que se utiliza para el enjuague en la acción de limpieza. Es justamente esta condición la que favoreció la aparición de detergentes, que no son tan biodegradables, y muchas veces, tan nocivos para el medio ambiente, a la inversa de los jabones que tienen un alto grado de biodegradabilidad. La biodegradabilidad es aquella propiedad que permite que una sustancia compleja se degrade a productos más simples por acción de los microorganismos, y contaminar así en menor medida el medio ambiente mejorando las condiciones de conservación del mismo.

Métodos de limpieza

En cuanto a los métodos de limpieza se puede hablar de dos grandes grupos: los manuales y los automáticos. En su mayoría los manuales conllevan el uso de la energía mecánica, en tanto que los automáticos actúan mayormente a través de la energía química y térmica.

La limpieza manual a su vez, implica distintos métodos a saber: el método de limpieza por partes (el objeto de limpieza se desarma y así se procede a su manipulación a través de cepillar piezas y el uso de detergentes), el método de inmersión (como en el anterior se desarma el objeto, pero la limpieza de las piezas se produce por inmersión en piletas especiales con detergentes más potentes y a veces, a altas temperaturas) y también el modo de limpieza de grandes superficies (aquí la acción de limpieza está dada por el barrido y cepillado con detergentes y cepillos especiales). Finalmente, los procesos de limpieza automática surgieron por una cuestión de ahorro y tiempo, luego se fueron perfeccionando no solo en la maquinaria utilizada sino también en el uso de sustancias que permiten la optimización de las tareas y su consecución final.